Atlixco en las Crónicas III

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Atlixco cuenta con una riqueza histórica inmensa la cual si bien ha sido narrada en diversas crónicas como las que este mes te traemos, se remonta incluso mas allá de la época de la colonia, tal como hemos estado entregando mes con mes en esta revista, tal es el caso de Atlixco en la época prehispánica en la cual narramos quienes fueron los primeros ocupantes de estas hermosas tierras, hasta el primer contacto con los peninsulares y las alianzas que se llevaron acabo entre indios de la región y los primeros españoles que pisaron este Valle, ahora nos toca presentar la tercera parte de las crónicas, en las cuales te compartimos la visión que tenían los españoles acerca de estas agraciadas tierras, mismas que en crónicas anteriores se describían como “un Valle tan nombrado y célebre el cual tal parece que Dios lo puso en medio de esta tierra para remediar las necesidades de ella”, un Valle tan rico y tan fértil que con el trigo que se cosechaba en él se elaboraba un pan tan bueno que incluso expresaban “el pan de ese trigo es en extremo bueno, tal pareciera que los vecinos de esta ciudad siempre comen pan de boda”. Al conocer todas estas crónicas y la riqueza agrícola que ostentaba este valle no nos queda la menor duda del por qué estas tierras fueron conocidas y nombradas en la época de la colonia como “El Granero de la Nueva España”.

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Ahora bien, sin mas te presentamos unas pequeñas crónicas, la primera de ellas testimonio del Siglo XVII escrito por Antonio Vazquez de Espinoza en el cual pone en manifiesto las dimensiones con que contaba el Valle, menciona cuáles los conventos que ya existían y destaca la importancia de Atlixco en la Nueva España al mencionar la población de españoles que ya estaban asentados en estas tierras, pues cabe destacar que Cholula y Tlaxcala contaban con una población de apenas 500 peninsulares, mientras que Atlixco tenía a más de mil.

La Villa de Atlixco está a cinco leguas de Puebla, fundada en un fértil valle que tiene de largo más de cinco leguas y de ancho más de legua y media, en la Villa y valle hay más de 1000 vecinos españoles donde hay muy buena iglesia mayor y convento de Santo Domingo, San Francisco, San Agustín, El Carmen descalzos, la Merced y la Compañía, hay monasterio de monjas y hospital para curar a los pobres enfermos, con otras iglesias y ermitas, el temple del valle y Villa es maravilloso, casi de primavera, donde se cogen más de 100,000 hanegas de maíz y otras semillas y frutas con que la villa esa rica y sus vecinos de mucho trato”.

El fraile Mercedario Francisco de Pareja menciona con asombro los vastos recursos agrícolas con que contaba el Valle en una de sus crónicas realizada a finales del Siglo XVII:

“Los bienes de aquella república que son muchos y el lugar es acomodado para todo porque es una Villa que se compone de un alcalde mayor y regimiento; todos los demás vecinos de ella son labradores, porque todo el valle en sus contornos es de haciendas de trigo, el mejor que se coge en la Nueva España, todo de riego por tener grandísima abundancia de aguas por algunos ríos que le cercan y aún de estas aguas entran por el lugar mismo para regar muchas huertas de frutas de que abunda pues es muy rara la que no las tiene y es tan fértil la tierra de toda esta jurisdicción que las mismas tierras se siembran todos los años continuamente sin descansar ningún año, que es maravilla ver que unos riegos tan continuos no las esquilmen ni roben sino que las fecunden y dejen enteras para tan continuas y abundantes cosechas”.

Finalmente el fraile Franciscano Agustín de Vetancurt expresó brevemente una pequeña comparativa: “Es valle de las mejores tierras y mas fértiles de la Nueva España, porque riega sus tierras del río Atoyac, como en Egipto el Nilo; cógense de riego de ochenta a cien mil fanegas de trigo”.