Atlixco en las Crónicas I

por

Pintura de José María Velasco (1840-1912)

Óleo sobre tela (1877)

Considerado el paisajista más notable del siglo XIX.

Esta pintura se encuentra en exhibición en el Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec, Cd. de México.

Cuando escuchamos hablar sobre Atlixco después de la época colonial es común que nos cuenten y por ende creamos que la región de Atlixco y los poblados que convivían en la comarca fueran la misma cosa, sin embargo no es así, en números anteriores contamos qué fue de Atlixco en la época prehispánica y sobre la llegada de los españoles; a través de ello fuimos descubriendo que en el Siglo XVI el Valle de Atlixco quedó dividido en dos regiones bien diferenciadas, siendo éstas Acapetlahuaca, conformada por indigenas propios de la región y quienes se ubicaban en la zona poniente de nuestro actual centro histórico la cual identificamos por encontrarse el Ex-Convento Franciscano en una de las laderas del Cerro de San Miguel; y por otro lado la Villa de Carrión, ésta última conformada por un grupo de españoles a quienes después de diversas peripecias finalmente se les asignaron tierras en este valle y lograron poco a poco conformar la Villa, misma que en la actualidad corresponde a la mancha urbana del Centro Histórico de nuestro Pueblo Mágico. Esto lo reafirmamos porque un cronista anónimo  del siglo XVI escribió que en el Valle de Atlixco existía un poblado de labradores españoles y de algunos indios quienes servían de gañanes a éstos, se cuenta ademas que en el Valle tanto frailes Dominicos como Agustinos contaban con casas de labor y molinos y que, en el Pueblo de Acapetlahuaca el cual se encontraba en el mismo valle, existía un monasterio de la orden Franciscana quienes tenían a su cargo a los indios del pueblo, mismo que estaba sujeto a la ciudad de Huejotzingo, destacando que en esa época aún no se contaba con hospital.

En otra de las crónicas, ésta descrita por Fray Toribio de Motolinía nos cuenta que:

A cuatro leguas de la ciudad de Puebla se encuentra el Val de Cristo (“Valle de Cristo”, así es como le llamaban los peninsulares a esta tierra por ser en extremo fértil) en donde los moradores de los Angeles tienen sus viñas, huertas de agro, granadas, etc., ahí tienen sus labranzas de pan, de las cuales se sirven todo el año por ser tierra caliente y no ser afectadas por las heladas, a diferencia de las tierras frías donde no se da más de una vez, como en España; en el Valle hay mucha agua, por lo que siembran y cosechan cuanto quieren, muchas veces acontece estar un trigo acabado de sembrar y otro brota, otro en porreta y espigando, el pan de ese trigo es en extremo bueno, tal pareciera que los vecinos de esta ciudad siempre comen pan de boda.

Lo que más ricas hace a estas heredades (tierras dedicadas al cultivo) son los morales que tienen frutos y cada día brotan, es tan buena esta tierra que digo esta en el Val de Cristo, que dudo haya otra mejor ni tan buena en toda la Nueva España, porque buenos maestros que saben conocer la buena tierra, dicen que es mejor que la vega de Granada y mejor que la de Orihuela.

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En este valle se plantan muchos morales; aquí se hace una heredad para el Rey de ciento y diez mil morales, los cuales ya han puesto o traspuesto más de la mitad (refiriéndose al gusano de la seda) y crecen aquí en un año tantos como en España en tres años, los Españoles vecinos de los Angeles tienen cinco o seis mil, otros ocho o diez mil, cada uno como puede criarlos; habrá aquí tanta cantidad de seda que será una de las cosas más ricas del mundo, este será el principal lugar de la seda porque ya hay muchas heredades de ella, y con las que hay en muchas otras partes de la Nueva España donde se cría y se planta, de aquí a pocos años se criará más seda en esta Nueva España, que en toda la Cristiandad y mejor.

El gusano criado es tan recio, que ni se muere porque lo echen por ahí, ni porque le dejen de dar de comer dos ni tres días, ni porque haya los mayores truenos del mundo, ningún perjuicio le hace, como en otras partes, que si truena al tiempo que el gusano hila o sube, se queda muerto colgado del hilo. En esta tierra, antes que llegase la semilla de Castilla, yo vi gusanos de seda naturales y sus capullos, los mas pequeños son los que vinieron de España y ellos mismos se criaban en los arboles. Lo que más es de notar de esta seda, es que se cría dos veces al año, yo vi los gusanos de la segunda cría en este año de mil quinientos cuarenta en el principio de Junio ya grandecillos y habían dormido dos o tres veces y como las aguas comienzan por abril, están los arboles en crecida mucho mas tiempo que en Europa y que en Africa.

Con estas pequeñas crónicas nos damos cuenta del por qué los peninsulares llamaban a estas tierras el Val de Cristo (Valle de Cristo), y no es para menos, pues sería considerado como “El Granero de la Nueva España”.