La Vitorina.

Todo pueblo tiene un loco y Atlixco ha tenido varios, personajes que, de cierto digo no son conocidos por ilustres, si son bien conocidos por la gente con la que aún conviven o convivieron, volviéndose de ésta manera, y a través del paso del tiempo, en personajes apreciados, y con reserva a equivocarme, podría decir hasta queridos, especialmente en un lugar donde casi todos se conocen y nos atravesamos con ellos en nuestro día a día. Son aquellos personajes con los que nos encontramos desde chicos, que convivimos de alguna manera y que cuentan con una historia que muchos desconocemos.

Tal es el caso de “La Vitorina”, una personalidad en Atlixco que hoy en día, quien la conoció o escuchó de ella, sabe que se volvió emblemática para nuestra comunidad, tanto es así que su nombre e historia, la ha sobrepasado en el tiempo, tanto que incluso han habido negocios ostentando su nombre… Hasta el día de hoy.

Les contaré la historia de “Vitorina, un cuento sin principio”, recopilado por Sara Laura de la Torre Ramírez y que dicha historia, como tantas otras que aquí publicamos, fue impresa en el libro de “Cuentos y Leyendas de Atlixco”.

“Vitorina, un cuento sin principio”.

Dentro de mis recuerdos de niña, están las tardes en que me encontraba acompañada de mi papá a la salida del Kinder rumbo al Zócalo, ahí conocí a una mujer de aspecto estrafalario y de nombre Vitorina Cabrera, mejor conocida por todos como “Vitorina la loca”. Ella siempre se acercaba a nosotros y me acariciaba, me pellizcaba la mejilla; recuerdo que me decía: -¡Que linda eres!- Por su aspecto me daba un poco de miedo, mas nunca fui grosera con ella.

De su vida casi nada se, pero me contaron que huyó de su casa porque no le gustaba la conducta de su mamá, a su hermana tampoco le agradaba como se comportaba su madre y al hacérselo saber, ésta la golpeó al grado que enfermó y murió por ésta causa. Para no seguir la misma suerte de su hermana, “Vitorina” huyó de su casa a una población cercana, en ésta (como en la mayor parte de la provincia), el lugar más importante de reunión, sobre todo los domingos, es el Zócalo; algún tiempo después éste sería el espacio preferido de nuestro personaje.

¿Por qué eligió éste lugar para vivir?

Algunas personas dicen que recién llegada de su lugar de origen vivió en un miserable cuartucho del cual se alejó, porque allí fue atacada por unos hombres mal vivientes y desde entonces escogió las calles céntricas de la ciudad para vivir. Le tuvo fobia a los lugares cerrados; su tiempo, lo ocupaba en recorrer la población donde sufrió múltiples amarguras, burlas e incomprensibles tratos por su raro aspecto; su típico vestuario consistía en una gabardina, una boina, medias gruesas y zapatos de hombre, bajo su estrafalaria y ridícula gabardina (hiciera frío o calor) siempre llevaba muchas prendas.

La creían loca y tenia que aguantar las burlas, insultos y groserías de los demás, no era agresiva, pero reaccionaba cuando la provocaban; si la insultaban, ella insultaba, manoteaba y hasta escupía. Tenía una muy personal idea de la moral y las buenas costumbres, pues cuando encontraba a los novios besándose o abrazándose los regañaba y les aconsejaba no hacerlo, si veía a una muchacha con minifalda o pantalón corto, le decía que casi se le veía todo, pero también cuando el joven era guapo o la joven simpática, les decía palabras bonitas y les cantaba canciones que la mayoría de las ocasiones eran inventadas por ella, lo que demostraba que de talento no carecía.

En su diario vagabundear conoció a un profesor, a quien le dio toda su confianza y llegó a ser, en su solitaria vida, alguien muy importante para ella, éste le compraba zapatos, le proporcionaba comida, ropa y todo lo necesario, además, la instaló en un salón de clases para que allí viviera, pero su fobia a los espacios cerrados hizo que ella prefiriera vivir en los pasillos del “Carolinito”.

Vitorina, nuestro personaje, siempre estuvo sola, nunca se le conoció algún enamorado, no tuvo esposo ni hijos. Era una persona limpia, que a pesar de no tener recursos le gustaba andar bañada ya que no faltaba quién le diera dinero para que se aseara en los “baños de San Francisco”, detalle que ella nunca olvidó porque era muy agradecida con quien la ayudaba. Asistía diariamente a misa de seis de la mañana, arreglada conforme a sus posibilidades, y los domingos, después de misa de doce, pedía el “bolo” de los bautizos y si no lo recibía montaba en cólera y hacia terrible “berrinche”.

Así transcurrió el tiempo y ésta mujer se fue haciendo vieja, empezó con los típicos achaques de la edad, no le gustaba que la atendieran doctores ni tomar medicamentos, cuando enfermaba, se quejaba como “niña chiquita” y siempre invocaba el recuerdo de su mamá. Llegó a ser tan familiar su presencia en el zócalo que los vecinos estaban pendientes de cuando enfermaba, hasta que finalmente la sorprendió la muerte. Estuvo acompañada en esa triste y trágica hora por personas que, apreciándola o no, estaban ya acostumbrados a su presencia.

Rápidamente por toda la población se propagó la noticia de su fallecimiento, por las calles se dejaba decir:

-¿Ya te enteraste que murió Vitorina?

-¿Quién es Vitorina?

-Es “la loca”.

-¿Cuál loca?

-La que siempre andaba en el zócalo, con su estrafalaria gabardina y una bolsa al hombro, donde guardaba sus penas y recuerdos.

Así fue como éste personaje, que llegó en forma misteriosa a estar y ser parte de nosotros, desapareció como neblina al amanecer, dejando un misterio… Convirtiéndose en leyenda.

A su olvidada tumba siempre la adorna una flor, símbolo del recuerdo y la amistad de quien fuera su único amigo, el profesor.