Música de Piano

Dentro de los inmuebles del centro histórico de nuestro Atlixco, se cuentan muchas historias, especialmente de ésas que asustan (o deberían asustar), pues en determinados sitios se conocen las historias de éstos lugares, y en otras, sólo se cuenta que se escuchan pasos, se observan sombras o que se perciben voces; siempre relacionado a que fueron casas antiguas y aún sin tener conocimiento de algún acontecimiento en especifico, se dice que debe haber algo tétrico en el lugar. Plaza Génova es un ejemplo del primer caso, pues es una pequeña plaza comercial en pleno centro histórico, que antiguamente fue casa habitación y de la cual, de primera mano sé de las historias se cuentan aún hoy en día. Basta con visitar la plaza y preguntar a cualquier estudiante de la escuela de inglés que ahí se alberga para conocer alguna anécdota actual, yo mismo recuerdo el día que comencé a visitar éste lugar, pues me inscribí en la escuela de Inglés más antigua de Atlixco, o por lo menos, de la que yo mas tengo recuerdo, y aunque nunca me espantaron, si escuchaba esas historias que tienen su raíz en la historia que a continuación les voy a compartir.

Cuentan que junto al edificio que hoy ocupa plaza Génova, cuya belleza arquitectónica es digna de admiración, fue lugar de lo que a continuación se narra.

Vivió ahí una bella y hermosa mujer de apellido Leblanc, de costumbres refinadas y amistades selectas, representantes de la mejor sociedad de ése tiempo, ella era amante del arte y de todas sus manifestaciones, y además, tocaba hermosamente el piano.

Ella era de tés muy blanca, alta y delgada, dueña de una personalidad arrogante, el vecindario la miraba sobre todo por la pulcritud de su persona; su casa presentaba esmerado cuidado y un orden inalterable, tanto que cuidaba la disposición de cada mueble y objeto colocado estéticamente, para dar en conjunto una bella apariencia.

Los domingos, siguiendo las costumbres y tradiciones del lugar, asistía devotamente a misa y en cuanto caía la tarde, recibía a sus selectas amistades para tomar el té e intercambiar comentarios, hechos o acontecimientos ocurridos en el entorno propio.

De repente, el vecindario notó su ausencia, ya que por tres días no la vieron salir, ni abrir ventanas o puertas de la casa, al investigar lo que ocurría, se encontraron con que desde afuera se veía aparentemente vacía, pero al abrir la puerta a la fuerza, la encontraron muerta dentro de su tina de baño; su cuerpo estaba contraído y en una extraña posición; por lo que el cadáver (ya en estado de putrefacción) no fue posible introducirlo a un féretro.

En ese momento al faltar herederos,  se profanó la intimidad de su casa y se descubrió una habitación repleta de basura, esto se debía a que nunca se le vio salir a tirar desperdicios ya que su pulcritud era extrema y lo sentía como un acto sucio y degradante. Sin embargo, eso no era bien visto por algunas personas, las cuales decían que tenía costumbres extrañas y que tal vez por eso nunca se descifro el misterio de su muerte. El vecindario jamás la pudo olvidar, pues se cuenta que aún todas las noches después de lo sucedido se le escuchaba tocar el piano con melodías lastimeras, y que por mucho tiempo inundaron y repercutieron en los muros de este edificio.

Una vez que la casa fue vaciada, los muebles confiscados y que el piano fue llevado a no se sabe qué lugar, sus notas se siguieron escuchando, y aún en nuestros días, sobretodo en luna llena.

Recopilo: Araceli Rojas Alonso