Mi Pequeño y Gran Atlixco; leyendas

por | Jul 24, 2018

En esta ocasión te presentamos cuatro pequeñas narrativas recopiladas por la Sra. Teresa Pineda Cardoso, Vda. de Serrano, tomadas del libro “Cuentos y Leyendas de Atlixco”, esperamos que las disfrutes.

Pintura del Muralista Atlixquense, Juan Manuel Martínez Caltenco (2015)

Una leyenda común se refiere a las brujas que se afirmaba vivían en el cerro de San Miguel, cuando yo me acuerdo de eso las hago verídicas, pues quizás sea fantasía pero mi hermana y yo somos testigos que esa casita amarilla, que es la única que había en ese entonces por el lado de San Francisco, por las noches salía una bola de lumbre, entonces el cerro estaba inhóspito, sólo había moradores por el lado de la cruz verde, que habitaban los solareños.

Otra leyenda, fue la del puente del obispo, por el cual pasaba la gente de Axocopan; se decía que cuando pasaban en la noche se oía llorar a un niño, el cual se encontraba en medio de la maleza y cuando se acercaban para protegerlo éste decía “payino, payino (padrino), mírame mis dientitos” y cuando se acercaban era la cara fatídica del diablo.

El Molino

Llegó la temporada de “Chiles en Nogada” y el mejor lugar para deleitar tu paladar esta en “El Molino”.

¡Ven a enamorarte de la gastronomía poblana!

Otra leyenda fue que en el peñón del cerro de San Miguel, el 24 de Diciembre a las 12 de la noche se abría éste y se aparecía una cantina muy bien arreglada y dotada de buenos licores, en la que los trasnochadores entraban sin sentir pasar el tiempo y a las 12 horas del 25 se cerraba quedando desaparecidos los que ahí se encontraban.

Otra leyenda también es la del “Río de la batea” donde se encuentra un acueducto que pasaba agua por encima del río y servía para regar el área de la hacienda de “Las Ánimas”; según se contaba sobre una doncella y un joven de humilde familia que la cortejó por mucho tiempo sin tener respuesta de ella pues la cuidaban y vigilaban debido a que era hija de hacendados; cierta noche ella salió a encontrarse con él a la mitad del acueducto entregándose a su amor cuando oyeron el rumor de unos guardias y sin más, se arrojaron desde lo alto y allí quedaron sus inertes cuerpos, por lo cual desde entonces se llama el “Río de la batea”.