La Sombra de Don Francisco

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Este mes te presentamos una leyenda tomada del libro “Cuentos y Leyendas de Atlixco”, recopilada por Gabriela Delgado Carmona.

Hace muchos años en la comunidad de Nexatengo, Atlixco, surgió una leyenda a la que se nombró como “La sombra de Don Francisco”.

Cuentan las personas mas grandes que han vivido toda su vida en el pueblo, que en ese entonces el rancho “El Rosario”, aún tenía mucha actividad debido a que había invernaderos y se exportaban muchas y muy diversas clases de plantas y flores. Como éste rancho se encontraba cerca de Nexatengo, la mayoría de sus habitantes trabajaban en él, por lo que, tanto por las mañanas como por las noches, se veía ir y venir a la mayoría de los campesinos (aunque también trabajaban mujeres), ya que los trabajadores entraban a las 6 de la mañana y salían a las 8 de la noche; necesitaban comer, así que las mujeres preparaban de cocinar para que los campesinos no perdieran tiempo regresando a sus casas y tener después que volver al rancho para continuar con su trabajo.

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Aunque en realidad eran pocas las mujeres que trabajaban en el rancho, se cuenta que todas ellas eran muy bonitas, pero dentro de estas, sobresalía una joven de 22 años, la cual era muy atractiva y bella; iba al rancho para ayudar a su madre a guisar, puesto que, como eran muy pobres, ella tenía que trabajar, esto se debía a que su padre las había abandonado a ella y a sus cuatro hermanas mas pequeñas. Ésta muchacha se llamaba María Guadalupe y era muy apreciada por toda la gente del pueblo, pues además de bonita, era muy atenta con todos. Como Guadalupe era hermosa, muchos jóvenes la pretendían, entre ellos el dueño del rancho, quien era un hombre respetado por todos; ella quería a un campesino, un joven muy trabajador, apuesto y varonil llamado Ignacio, y como ambos se querían, al poco tiempo se hicieron novios a pesar de saber que don Francisco (el dueño del rancho) amaba a Guadalupe, el cual al enterarse del romance, hizo despedir inmediatamente a Ignacio.

Ante esto, Guadalupe no pudo hacer nada, aunque ella deseara renunciar, no habría podido, ya que como eran muy pobres sus sueldo era indispensable para que su familia pudiera alimentarse, así que esto fue aprovechado por su patrón, pues al marcharse Ignacio, podía decirle y demostrarle con grandes y costosos obsequios que la quería, los cuales ella nunca aceptó, porque no quería verse comprometida; aún con los desprecios que ésta le hacía, Don Francisco nunca le hizo alguna grosería ni mucho menos la despidió. Mientras tanto, Ignacio trabajaba en otro rancho, mucho mas pequeño que “El Rosarito”, pero aun así le fue bien y muy pronto pudo llegar a ser capataz de éste rancho, así que comenzó a ahorrar para casarse con Guadalupe.

Pasó el tiempo y Guadalupe e Ignacio ya tenían todo preparado para casarse, todo esto a escondidas de Don Francisco, porque tenía fama de que si quería algo, lo conseguía a como diera lugar y ellos no querían que pasara alguna desgracia. No todo podía resultar tan bien como lo habían planeado, así que Don Francisco al enterarse de la boda, fue a buscar a Ignacio a su casa y lo amenazó, diciéndole que si no se iba del pueblo lo iba a matar, él le contestó que no el tenía miedo y que no se alejaría; Don Francisco le dijo que se arrepentiría de lo que le había dicho y después de esto se fue muy enojado. Cuando al fin llegó el día de la boda, todos los trabajadores del rancho y sus amigos asistieron a la iglesia y cuando menos lo esperaban, se presentó Don Francisco, quien arteramente le disparó a Ignacio con una escopeta muriendo éste en el acto, Don Francisco huyó de ahí, mas los remordimientos lo acosaron y reflexionando sobre lo que acababa de hacer, se suicidó.

Por eso es que la gente dice que algunas noches, se aparece cerca de la iglesia una sombra, tal vez sea la de Don Francisco, de quien se podría decir que murió por amor. La gente ha llamado a esa aparición como “La sombra de Don Francisco”; muchos afirman haberlo visto, pero nadie sabe exactamente qué es lo que quiere o por qué ha regresado; algunas personas le tienen miedo, pero la mayoría se ha acostumbrado a sus visitas.