La Increible Riqueza de Don Ramón Alcazar.

¿Cuántas veces hemos escuchado que las personas avariciosas siempre terminan solas? Es cierto que estas sentencias pueden terminar convirtiéndose en una realidad, sin embargo son pocas las ocasiones en las cuales nos detenemos a tratar de comprender los motivos que dan origen a esta avaricia; la siguiente leyenda nos cuenta precisamente parte del sufrimiento y también de los motivos que dieron origen a que un acaudalado hacendado de nuestra región, ante ojos de los pobladores, se convirtiera en una persona avariciosa, aislada y atormentada; dando al mismo tiempo explicación al por qué en las afueras de su casa, se dice aún al día de hoy, resuena un muy peculiar sonido, ni más ni menos que las monedas de oro que le daban cierto consuelo a nuestro personaje después de haberse quedado sólo.

Te presentamos la leyenda “La increíble riqueza de don Ramón Alcazar”, retomada del libro “Cuentos y Leyendas de Atlixco” y recopilada por Alejandra Meneses Villa.

La imaginación del hombre es inagotable y más aún si se ve acicateada por el natural ingenio, por el temperamento vivaz, o bien por la superstición o el miedo.

Éste es el móvil de la leyenda y el cuento, sobre todo en cualquier ciudad de un país, como el nuestro, en la que todo es propicio para surtir hechos y acontecimientos, y a medida que pasa el tiempo van de boca en boca y no se sabe si se trata de algo real o fantástico. Lo único cierto, es que ésta historia llena de fantasías despierta el interés de todos.

Cuentan pues, que en la hacienda que ahora es conocida como Huilotepec, vivía una de las familias mas adineradas, la de don Ramón Alcazar, que era un gran comerciante y banquero que llegó a reunir una fabulosa fortuna.

Se dice que nuestro acaudalado hombre de negocios fue originario de ésta ciudad de Atlixco, lo cierto es que fue en dicha hacienda en donde hizo fortuna. Su esposa conocida como doña Luisa, también pertenecía a una familia acomodada, de ese matrimonio hubo tres hijos, Luisa, Carlos y Ramón. El segundo hijo de este matrimonio fue enviado a los Estados Unidos a estudiar.

 

Cuentan que don Ramon le enviaba grandes cantidades de dinero para que el pudiera sustentar sus necesidades, pero lejos de aprovechar sus estudios, dilapidó una fortuna. Don Ramón al darse cuanta del gran engaño de su hijo, el mas querido y preferido, sufrió una gran desilusión y poco a poco se convirtió en un viejo amargado, por lo que su esposa se fue lejos de él, y él entristeció aun mas, hasta convertirse en un hombre solitario al que no se le veía salir de esas cuatro paredes en las que se encontraba refugiado en esa gran hacienda.

Eran pocas las personas que lo veían salir cuando cambiaba unas cuantas monedas de oro por tamales y atole, o bien por tamales y tortillas. A pesar de su riqueza, su modo de vida había cambiado drásticamente, ahora se comportaba como un campesino pues su vestimenta era humilde y ya no que daba nada de aquel señor que alguna vez había sido. El dinero se había convertido en su único acompañante en aquella gran soledad y su único pasatiempo era contar y recontar sus monedas, y lo único que se escuchaba al pasar por ése lugar era el tintineo que atraía a cualquiera que pasaba.

Algunas gentes que antes lo habían conocido se acercaban para que (como en otros tiempos), les hiciera préstamos, pero el siempre se los negaba por temor a perder lo único que le quedaba. Los grandes intereses que generaban sus pertenencias le hicieron cambiar de opinión y accedió a volver a hacer prestamos, pero ahora con mas porcentaje en sus intereses y desde entonteces cada vez era mas grande la obsesión de incrementar su fortuna y poder escuchar es ruido tan peculiar que hacían las monedas al contarlas.

Una ocasión tropezó con un hombre demasiado listo, quien logró sacarle a corto plazo una importante cantidad de dinero al 25%, pagadero en 8 días; el cual lejos de liquidar la deuda, huyó llevándose el dinero, esto fue la causa de la locura de don Ramón y desde ése día no tuvo mas interés que contar su dinero y chapotear con las manos repletas de monedas, que dejaba escurrir entre sus dedos para escuchar como sonaban al golpearse unas con las otras.

Murió en el más terrible de los abandonos, sin nadie que cerrara sus ojos y lo ayudara a bien acabar. Los vecinos de la hacienda aseguran ver su alma penando casi todas las noches y los que han vivido en la que fuera su casa, oyen pasos que suben o bajan las escaleras por las noches, también dicen, se escucha el tintineo de las monedas del gran millonario que cuenta su tesoro, que hasta ahora nadie ha encontrado.

Se asegura que ésta gran riqueza sigue escondida en varios sitios de la casa, pues en medio de su gran avaricia, ocultó su tesoro a manera de que jamás fuera encontrado.