El peñon del Cerro de San Miguel.

Nuestra tradición regional cuenta que en una parte del cerro de Atlixco que se conoce hoy como “el peñon”, se asentó una familia de españoles que puso una gran tienda donde se vendían objetos varios como: comida, semillas, frutas, abarrotes, etc. Fue pasando el tiempo, hasta que un día vieron pasar a dos campesinos que eran compadres, éstos fueron a comprar semilla a dicho local, permanecieron en la tienda platicando con los españoles por un buen rato, mientras tanto, llenaban sus costales de semillas. Después de pasar largo tiempo, se despidieron y salieron de la tienda para regresar a sus hogares.

Habiendo caminado por la calle un buen rato, un peso enorme hizo que se sintieran fatigados, no podían explicarse el por qué de éste hecho, si antes de que esto sucediera iba su carga ligera, que transportaban sin molestia alguna y no entendían por qué pesaba mucho. Posteriormente, cansados de caminar, se detuvieron y revisaron sus costales para ver el por qué de ése peso, al hacerlo se sorprendieron ¡Algo increíble y extraordinario había sucedido! Vieron que en vez de semillas, llevaban relucientes monedas de oro. Después de un rato sintieron el deseo de quedarse con todo el tesoro; a partir de ese momento su ambición creció, por lo que nadie debía enterarse de su riqueza, como pudieron, escondieron sus costales entre los matorrales para que no se diera cuenta la gente que contenían mucho oro, pensaron en regresar a la tienda para comprar mas semillas y así obtener mas monedas para satisfacer su ambición, lo peor para ellos es que nunca pensaron que les podría suceder algo terrible, y así entraron de nueva cuenta a la tienda y pidieron lo mismo, después de llenar sus costales, y cuando se encaminaron a la puerta de salida, ésta se cerró intempestivamente y nunca mas se abrió a pesar de sus múltiples y desesperados intentos.

Después de un tiempo, la gente pasaba y la tienda permanecía cerrada, de sus dueños y de aquellos campesinos ambiciosos, nunca se volvió a saber absolutamente nada; la ambición los perdió.

Hoy día, muchos han buscado el lugar donde se encontraba la tienda y nadie la ha encontrado.

¡El oro está esperando!

Recopiló: Ana Laura Oriol Ortíz.