El alma de don Odilón.

Cuenta la vieja historia que en la época de los 40’s, un obrero trocilero de una de las mas famosas fabricas de Atlixco llamado Odilón Pérez, hombre robusto que se caracterizaba por ser tosco y mal hablado, casado con Esperancita Gómez; una mujer educada para obedecer a su marido y con la que había procreado 12 hijos, para suerte, todos sanos.

Transcurría su vida el doblando turno, para poder mantener a su familia y yendo una que otra vez a la cantina; ella tratando de estirar el gasto lavando y planchando ajeno, lo que hacía a escondidas, ya que sin don Odilón la sorprendía, la golpeaba.

Olvidaba decir que don Odilón era demasiado celoso, por lo que todas las noches cuando se iba a la fábrica, dejaba encerrados a su esposa e hijos, cada noche se le veía caminar presuroso por las calles de ésta ciudad y nuca le había ocurrido algo fuera de lo normal, y aunque sus compañeros le habían platicado que sucedía algo extraño, don Odilón aseguraba que nada ni nadie podía espantarlo.

Hasta que un día, salió muy preocupado de su casa, debido a que su esposa se había sentido mal por su próximo alumbramiento, decían que por ser el hijo numero 13, el parto iba a ser difícil; aunque el nunca daba importancia a esas supercherías, esa noche iba cabizbajo y pensativo, cuando sintió que algo o alguien lo seguía, volteo y no vio nada, siguió caminando hasta que ésta vez al voltear la vista, vio un bulto que estaba detrás de él, éste no tenia forma, sólo era como una luz muy resplandeciente, Don Odilón sintió un sudor frío recorrer todo su cuerpo, el corazón le palpitó incontrolablemente y reaccionó tal y como le había dicho su abuelo que se tenía que enfrentar a una situación de éste tipo (a groserías), por lo que comenzó a decir todo cuanto pudo salir de su boca y descargar todo su coraje hacia aquel ser, real o imaginario. Dio la media vuelta y siguió su camino hacia la fábrica, pero el bulto insistía en acompañarlo silenciosamente, llegó a la puerta del almacén y cuando volteó, el bulto había desaparecido, cuando le platicó a sus compañeros, ellos se burlaron de él.

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Regreso a su casa ya entrada la mañana, su esposa lo esperaba para que les abriera la puerta de su humilde vivienda, ella notó algo extraño en él, pues lo veía demacrado y tembloroso, entonces él le contó lo que sucedió, por lo que aquella noche decidió cerrar la casa extremando sus cuidados, temeroso de que algo les pudiera pasar a su esposa e hijos. Salió rumbo a su trabajo y en esa ocasión no sucedió nada, sin embargo, al día siguiente, al regresar a su casa, se encontró con una desagradable sorpresa, le extrañó que su puerta estuviera abierta de par en par, al asomarse vio a sus hijos dormidos temblando de frío junto a su madre, quien despertó en ése momento y le dijo que había tenido un sueño muy raro y justo en ese instante, se les apareció el bulto, ella comenzó a sentir los dolores de parto, el le dijo que se fuera a la pequeña cocina, mientras trataba de sacar del cuarto aquella aparición, mas todo fue inútil, el bulto permaneció junto a la puerta, el corrió a ver a la comadrona, regresó con ella y notó que aquella extraña aparición no se había movido de su lugar. La comadrona le dijo que no hiciera caso, lo que importaba en ese momento era su esposa y el pequeño; pero don Odilón no apartaba la vista de la puerta mientras su hijo nacía, él se había quedado dormido junto a la puerta de la cocina; la comadrona trató de despertarlo, pero todo fue en vano porque el bulto y el alma de don Odilón habían desaparecido.

Al día siguiente, doña Esperancita decidió mudarse a otra vecindad porque temía que el bulto quisiera llevarse también su alma o la de sus hijos pequeños; dicen que poco tiempo después el bulto hizo su aparición en la nueva vivienda de doña Esperancita, pero su temor desapareció al verlo, porque ella juraba que ese bulto era ya el alma de don Odilón.

Y cuentan que aún sigue dándose esa extraña aparición.

Recopiló: Guadalupe Solís Tepepa.